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cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco
todavía. De ti jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus
profundidades, te desea sin cesar, porque siempre está hambrienta de ti,
Trinidad eterna; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo
suspira por el agua viva de las fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión
tenebrosa del cuerpo, para verte de verdad…
fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en
sí todo amor propio del alma; tú eres la luz por encima de toda luz…
alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre. ¡Pues tú eres dulce, sin
nada de amargor!
pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe
santísima, con la que tú has embriagado a mi alma!

