tú eres la más pura de alma y cuerpo, que vives más allá de toda pureza, de
toda castidad,
Espíritu Santo; que sobrepasas incomparablemente a las potencias espirituales
en pureza, en santidad de alma y cuerpo;
el alma y en el cuerpo por los vicios de mi vida impura y llena de pecado;
errantes y ciegos; regula y dirige mis sentidos; líbrame de la detestable e
infame tiranía de las inclinaciones y pasiones impuras;
de mi pecado; da la sabiduría y el discernimiento a mi espíritu en tinieblas,
miserable, para que me corrija de mis faltas y de mis caídas, y así, libre de
las tinieblas del pecado,
libremente, verdadera madre de la verdadera Luz, Cristo Dios nuestro. Pues sólo
con Él y por Él eres bendita y glorificada por toda criatura, invisible y
visible, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

