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el Tepeyac con la presencia de la Virgen María de Guadalupe. Que su intercesión
ayude a todos, hombres y mujeres, a aceptarse entre sí como hermanos y
hermanas.
paz en el mundo. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive
y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Iglesia, protege al Soberano Pontífice, oye a todos los que te invocan en sus
necesidades. Así como pudiste aparecer en el Tepeyac y decirnos: «Soy la
siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios», alcánzanos de tu Divino
Hijo la conservación de la Fe. Tu eres nuestra dulce esperanza en las amarguras
de esta vida. Danos un amor ardiente y la gracia de la perseverancia final.
Amén.
nuestra. Venos aquí postrados ante tu santa imagen, que nos dejaste estampada
en la tilma de Juan Diego, como prenda de amor, bondad y misericordia. Aún
siguen resonando las palabras que dijiste a Juan con inefable ternura:
«Hijo mío queridísimo, Juan a quien amo como a un pequeñito y delicado,»
cuando radiante de hermosura te presentaste ante su vista en el cerro del
Tepeyac.
palabras. Sí, eres nuestra Madre; la Madre de Dios es nuestra Madre, la mas
tierna, la mas compasiva. Y para ser nuestra Madre y cobijarnos bajo el manto
de tu protección te quedaste en tu imagen de Guadalupe.
Madre. Defiéndenos en las tentaciones, consuélanos en las tristezas, y ayúdanos
en todas nuestras necesidades. En los peligros, en las enfermedades, en las
persecuciones, en las amarguras, en los abandonos, en la hora de nuestra
muerte, míranos con ojos compasivos y no te separes jamás de nosotros.
sobre todas las naciones del Continente y renueva su fidelidad a Cristo y a la
Iglesia. Suscita propósitos de equidad y rectitud en sus gobernantes. Protege a
los hermanos de Juan Diego para que no sufran discriminación. Cuida a los
niños. Guarda la unidad de las familias… Que desde esta tu Imagen manifiestes
siempre tu clemencia, tu compasión y tu amparo. Te lo pedimos por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.
patria. Aquí nos tienes humildemente postrados ante tu prodigiosa imagen. En Ti
ponemos toda nuestra esperanza. Tu eres nuestra vida y consuelo. Estando bajo
tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada podremos temer. Ayúdanos en
nuestra peregrinación terrena e intercede por nosotros ante tu Divino Hijo en
el momento de la muerte, para que alcancemos la eterna salvación del alma.
Amén.

