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postración de muerte al movimiento de vida.
alguna señal para ser creído, ya no volvió. Porque cuando fue a llegar a su
casa, a su tío, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad,
y estaba muy grave.
era tiempo, ya estaba muy grave. Y cuando anocheció, le rogó su tío que cuando
aún fura de madrugada, cuando aún estuviera oscuro, saliera a llamar a
Tlatilolco algún Sacerdote para que fuera a confesarlo, para que fuera a
prepararlo, porque estaba seguro de que ya era el tiempo, ya el lugar de morir,
porque ya no se levantaría, ya no se curaría.
a salir, de su casa, Juan Diego, a llamar el Sacerdote a Tlatilolco, y cuando
ya acertó a llegar al lado del cerrito terminación de la sierra, al pie, donde
sale el camino, de la parte en que el sol se mete, en donde antes él saliera,
dijo:
esta Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al
gobernante eclesiástico como me lo mandó; que primero nos deje nuestra
tribulación; que antes yo llame de prisa al Sacerdote religioso; mi tío no hace
más que aguardarlo”.
ahí atravesando, hacia la parte oriental fue a salir, para rápido ir a llegar a
México para que no lo detuviera la Reina del Cielo. Piensa que por donde dio la
vuelta no lo podrá ver la que perfectamente a todas partes está mirando.
había estado mirando, de donde antes lo veía. Le vino a salir al encuentro a un
lado del cerro, le vino a atajar los pasos; le dijo:
dónde te diriges?”. Y él, ¿tal vez un poco apenado, o quizá se avergonzó?, ¿o
tal vez de ello se espantó, se puso temeroso?
Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste?
¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía? Con pena
angustiaré tu rostro, tu corazón; te hago saber, Muchachita mía, que está muy
grave un servidor tuyo, tío mío.
a morir de ella. Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar a alguno
de los amados de Nuestro Señor, de nuestros Sacerdotes, para que vaya a
confesarlo y a prepararlo, porque en realidad para ello nacimos, los que
vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte.
para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. Te ruego me
perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño,
Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa”.
Piadosa Perfecta Virgen:
nada lo que espanto, lo que te afligió que no se perturbe tu rostro, tu corazón;
no temas esta enfermedad, ni ninguna otra cosa punzante, aflictiva.
sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de
mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?
apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora.
Ten por cierto que ya está bueno”. (Y luego en aquél mismo momento sanó su tío,
como después se supo).
aliento de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, bien con ello se
apaciguó su corazón, y le suplicó que inmediatamente la mandara a ver al
Gobernante Obispo, a llevarle algo de señal, de comprobación, para que creyera.
Nuestra Señora de Guadalupe y con San Juan Diego suplicamos por los jóvenes ,
especialmente por los que sufren el flagelo de la droga, para que descubran el
valor de la vida y la presencia de María en sus vidas.

