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El tarot de Marsella es la baraja que muchas personas imaginan cuando piensan en el tarot clásico: colores planos, figuras de trazo sencillo y números romanos antiguos. Pero ¿de dónde viene? La historia del tarot de Marsella recorre varios siglos y países, y ayuda a entender por qué esta baraja sigue siendo tan apreciada hoy.
Los orígenes: naipes de juego en la Italia del siglo XV
Los primeros tarots conocidos aparecieron en el norte de Italia en el siglo XV. Eran barajas pintadas a mano para familias nobles, como las conocidas cartas Visconti-Sforza. Se usaban para jugar a un juego de naipes llamado tarocchi, en el que las cartas de figuras especiales, los que hoy llamamos arcanos mayores, funcionaban como triunfos.
En ese primer momento, el tarot era sobre todo un juego. Su uso como herramienta de lectura simbólica llegaría mucho después.
La llegada a Francia y el modelo de Marsella
El juego se extendió por Europa y, en Francia, los fabricantes de naipes comenzaron a producir barajas impresas con planchas de madera, coloreadas mediante plantillas. Entre los siglos XVII y XVIII se consolidó un diseño bastante uniforme, que con el tiempo se conocería como «tarot de Marsella», en parte porque esa ciudad fue un centro importante de producción de naipes.
Entre los impresores cuyas barajas se conservan y se citan con frecuencia están Jean Noblet, de mediados del siglo XVII; Jean Dodal, de comienzos del XVIII; y Nicolas Conver, cuya edición de 1760 se convirtió en una referencia para muchas reproducciones posteriores.
Del juego a la lectura simbólica
A finales del siglo XVIII, algunos autores franceses empezaron a atribuir al tarot un significado esotérico. Antoine Court de Gébelin propuso en 1781 que las cartas contenían una sabiduría antigua, una idea que hoy los historiadores no consideran demostrada, pero que tuvo una gran influencia. Poco después, un autor conocido como Etteilla publicó métodos para usar el tarot en la adivinación.
En el siglo XIX, el escritor ocultista Éliphas Lévi relacionó los arcanos mayores con otras tradiciones simbólicas, y el tarot quedó asociado definitivamente al mundo esotérico.
El siglo XX: el nombre se populariza
En el siglo XX, la edición publicada por la casa francesa Grimaud con textos de Paul Marteau contribuyó a difundir el nombre «tarot de Marsella». En las décadas siguientes surgieron numerosas reediciones y restauraciones que intentaban recuperar los colores y detalles de las barajas antiguas.
Paralelamente, en 1909 se publicó en Inglaterra el tarot Rider-Waite, que añadió escenas ilustradas a todas las cartas y se volvió muy popular, especialmente en el mundo anglosajón. Si quieres conocer las diferencias entre ambas barajas, consulta tarot de Marsella y Rider-Waite.
Rasgos que conserva de su historia
- Números romanos antiguos, como IIII o VIIII.
- La Justicia en el número VIII y La Fuerza en el XI.
- Un arcano XIII que en muchas ediciones no lleva nombre.
- Cartas numeradas sin escenas, herencia de las barajas de juego.
- Una paleta de colores limitada, propia de la impresión con plantillas.
Puedes ver cómo se aplican estos rasgos en la guía de los 22 arcanos mayores de Marsella y en el artículo sobre cómo leer sus cartas numeradas.
El tarot de Marsella hoy
Hoy el tarot de Marsella se usa tanto para el estudio simbólico y la reflexión personal como para la lectura de cartas. Su sencillez visual invita a observar con atención cada detalle, y eso lo convierte en una baraja muy apreciada por quienes desean aprender en profundidad. Si estás empezando, te recomendamos nuestra guía para hacer tu primera lectura de tarot de Marsella gratis.
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